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DE UNA TRABAJADORA DE LA DIPUTACIÓN DE MÁLAGA

febrero 4, 2021
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La provincia y sus recovecos

Soy trabajadora de la Diputación de Málaga desde hace casi 14 años, concretamente desde mayo de 2007, cuando tras superar el correspondiente proceso selectivo, cumpliendo los necesarios criterios de igualdad, mérito y capacidad conseguí acceder a una plaza en un Equipo de Tratamiento Familiar, plaza en la que a día de hoy sigo ocupando y desempeñando las mismas funciones de por aquel entonces.

Sí me remonto a hace catorce años, mi situación familiar y personal era muy diferente a la de hoy, como lo puede ser la de cualquier compañero/a. Cuando conseguí superar los tres exámenes, que formaban parte del proceso selectivo de Diputación, tenía veintiún años y acababa de terminar mi diplomatura universitaria. Además de toda la motivación, y el esfuerzo que me supuso, coincidió que era el momento idóneo de mi vida para ello; En aquella etapa mi mayor inquietud era mi futuro laboral, poder conseguir trabajar en aquello por lo que siempre había sentido verdadera vocación. Vivía con mis padres y con mi abuela, teniendo todo el apoyo y ayuda de ellos, y una mente mucho más liberada de miedos y preocupaciones de los que puedo tener ahora.

Ahora con 35 años, he formado mi propia familia y soy madre de dos hijas pequeñas. Para poder conciliar mi vida familiar y laboral decidimos cambiar de residencia a un municipio cercano a mi Centro de trabajo, ya que mi puesto en Servicios Sociales Comunitarios implica numerosos desplazamientos diarios en coche. Mis padres ya son mayores, mi madre dependiente con una enfermedad crónica y mi abuela ya tiene 95 años. Mi padre con 75 años, cuida de mi madre y de mi abuela, pero ya también necesita que lo cuiden. Y ahora es el papel que me toca como hija que no es más que cuidar y proteger a los que tanto han dado por mí.

Muy contrario a la visión que se tiene desde fuera, el trabajar en una empresa pública no es sinónimo de estabilidad. Durante más de11 años he estado concatenando contratos anuales, mientras amigos y amigas de la empresa privada sí cumplían con la legalidad y les hacían indefinidos. Cada año al igual que muchos compañeros/as con el temor y con la incertidumbre de si podríamos continuar o no trabajando. En muchas ocasiones, veíamos nuestra marcha tan cercana, que teníamos que despedirnos de las familias que atendíamos y para las que no encontrábamos respuesta a muchas de sus preguntas, tales como: ¿Por qué tenéis que marcharos?, ¿Vendrá alguien que no conocemos? ¿Podemos pedir que no queremos que nos vean otras personas? ¿Y si no viene nadie, quien nos ayudará? Mentiría si os dijera que fruto de esta inestabilidad he caído muchas veces en el desánimo, pero es tal la responsabilidad que uno tiene sobre la vida de estas familias, de estos niños/as vulnerables, que siempre tenemos claro que no podemos dejar de acompañarlos y tampoco de darles un mayor castigo que el que sus vidas les deparó.

Desde el pasado año 2020 la vida nos cambió por desgracia a todos y a todas. Enfrentándonos a una pandemia y viviendo sus devastadoras consecuencias. Miles de familias han vivido la tragedia del desempleo, y lo que ello conlleva, pero lo que es aún peor , es que otras muchas entre las que me incluyo han perdido a seres queridos. Todos tenemos nuestra propia opinión acerca de la gestión previa de esta crisis, y de cuántas vidas se podrían haber salvado, pero ya es demasiado tarde y solo nos queda seguir tomando decisiones para preservar de la mejor manera posible la salud de quienes nos rodean. Y es en este punto donde quisiera hacer mención al futuro que nos espera, al futuro de nuestros hijos/as y al bienestar de las miles de familias estructuradas y organizadas detrás de los empleados/as públicos. Como trabajadores hemos demostrado año tras año nuestra valía y capacitación en el desempeño de nuestro trabajo, y lo mínimo que podemos pedir no es más que el derecho de ser considerados un factor humano indispensable para la Corporación , ahora y en el futuro.

Si me refiero a la Diputación de Málaga, somos más de 300 trabajadores y trabajadoras los que nos encontramos en situación de Fraude de Ley. Al igual que yo he relatado mi experiencia, cada uno de mis compañeros y compañeras podrían contar la suya. Todos y todas con diferentes dificultades, circunstancias personales, familiares,..pero compartimos el deseo común de reivindicar la estabilidad que nos merecemos, y denunciar la situación de abuso en la que nos encontramos, y que así nos ha reconocido el propio Tribunal de Justicia Europeo (TJUE 10 de marzo de 2020. Directiva Europea 1999/70) Todo depende de la voluntad política, de querer y de creer en todo el colectivo de trabajadores y trabajadoras que durante tantos años hemos y seguimos prestando, en estos tiempos tan difíciles nuestro servicio a la Diputación de Málaga.

En Málaga, a 25 de enero de 2021.

Funcionaria Interina de la Diputación de Málaga.